Dialéctica 2
Aristóteles – La negación de la
dialéctica Diciembre/2017
En la primera parte vimos a Heráclito de Éfeso y explicamos su
“constatación” de que todo es y no es, y que todo está en constante lucha
consigo mismo.
Esto fue la primera formulación conocida de la primera ley de la
dialéctica: unidad y lucha de contrarios.
Era bastante claro, sin embargo, que ese tipo de razonamiento no iba a
permitir el estudio científico de una “entidad” cualquiera, de algo “que es”,
puesto que si al mismo tiempo, esa entidad también “no es” ¿Cómo hacemos para
estudiar qué es?
El desarrollo de las ciencias, necesitaba por tanto de una lógica
distinta, de algo que me permitiera saber con certeza que cornos estoy
estudiando.
Y ahí es donde interviene Aristóteles. El padre de la lógica formal. Un
tipo al que vale la pena conocer. Por lo que vamos a desviarnos un momento del
objetivo de este artículo, para visitarlo, como siempre recomendando a quienes
quieran profundizar, visitar las páginas de la Wikipedia de donde proceden
muchas de estas citas.
Dice que Aristóteles fue un polímata. Lo que significa que su sabiduría
abarca conocimientos de muy diversas disciplinas. Vivió en los años 300 y pico
antes de Cristo. Escribió cerca de 200 tratados sobre muy diversos temas, de
los cuales solo nos han llegado 31.
Y así, con solamente un 15% de su conocimiento, ejerció una influencia
tan impresionante sobre el desarrollo de la ciencia que es imposible pensar lo
que hubiera sido si se hubieran conservado todas sus contribuciones.
Solamente en el campo de la lógica formal, base de toda la ciencia
moderna, fue tan grande su aporte que Immanuel Kant llegó a decir (milenios
después, en el siglo XVIII) que desde los tiempos de Aristóteles, la lógica no
ha dado ni un solo paso atrás, tal la solidez de su construcción; pero tampoco
ni un solo paso adelante, tal la completitud de la elaboración de Aristóteles.
Uno de los principios básicos establecidos por Aristóteles fue el
principio de no contradicción, según el cual una proposición y su negación no
pueden ser válidas al mismo tiempo.
Este principio, junto con el principio de identidad y el de tercero
excluido, forman la base de toda la lógica formal en la que se apoya todo el
conocimiento científico.
Estos tres principios son totalmente apuestos a los de la lógica
dialéctica. Y, puesto que por vía de su enorme contribución a nuestro
conocimiento científico adquirieron certificado de autenticidad, ¿deberíamos
proclamarlos como los únicos válidos y como consecuencia descartar la lógica
dialéctica?
Eso es lo que ha hecho la filosofía de la ciencia (la Epistemología)
desde la época de Aristóteles, pero esto amerita profundizar un poco más en la
historia de ambas lógicas y para ello debemos ubicarnos en los temas que se
discutían hace 24 siglos. Un viajecito en el tiempo.
Vimos entre los llamados “pre-socráticos” a Heráclito que sostenía que
todo cambia, y que por lo mismo todo es y no es a la misma vez. Es algo
intrínseco a la idea del cambio. En el momento del cambio algo está dejando de
ser lo que era hasta ese preciso instante para ser otra cosa que empieza en ese
momento.
También estaba Paraménides de
Elea quien sostenía que el movimiento (y por tanto el cambio) era imposible.
Con su famosa paradoja de que para ir de A a B, hay que pasar antes por la
mitad del distancia entre ambos puntos;
llamémosle C, y para ir de A a C por la mitad y así sucesivamente. Como esto es
un proceso infinito, siempre hay una mitad a la que llegar “antes”, entonces el
movimiento no existe.
Esto es el argumento ideal de los que aman procrastinar, posponer: Antes
de hacer aquello, tengo que hacer esto, pero antes de esto tengo que hacer esto
otro y como siempre tengo algo que hacer antes, nunca hago nada y todo queda
para después.
INTERVALO. Permítanme adelantar algo de lo que usaré más adelante como
argumento. ¿Ven que en todas estas ideas y discusiones el tema del “tiempo” es
fundamental? Ya volveremos sobre esto.
Aristóteles propone zanjar la cuestión de una manera muy práctica,
empírica, como todo lo suyo: algo cambia porque pasa de un estado potencial a
un estado actual. En definitiva ya tenía en su interior la capacidad de ser
algo diferente (la potencialidad) y la expresión de esa potencialidad es el
cambio hacia una nueva realidad.
Corresponde estudiar entonces las causas que producen el efecto de esa
nueva realidad. No el “proceso” del cambio en si mismo, sino la situación
anterior, que causa la situación nueva. Formula así su teoría de causa-efecto
que se basa en la teleología. Esto es una posición metafísica según la cual
todo tiene una finalidad, un objetivo.
Aristóteles encontró que para poder entender “algo que es”, necesitaba
inmovilizarlo. No podía ser estudiado mientras estaba cambiando, porque en esa
situación coexistían causas y efectos, elementos de la realidad anterior y de
la futura.
En su monumental obra Metafísica,
propone lo que llama una ciencia de todo lo que es, una ontología. Y así la
define al comienzo de su libro IV: “…una ciencia que
estudia lo que es, en tanto que algo que es y los atributos que,
por sí mismo, le pertenecen.” Pero esta ciencia, añade, “no se identifica con
ninguna de las ciencias particulares, sino que posee el objeto de estudio más
extenso y menos comprensible que pueda existir: el ser.”
¡OJO! Con esta
palabrita: el SER. Vemos que deja fuera de su estudio, el DEVENIR. O también
podríamos decir que propone estudiar el SER como algo que es,
independientemente de su DEVENIR. En definitiva, el objeto de estudio de la
ciencia debe ser algo ESTÁTICO, debe estar quieto, para que pueda ser
estudiado.
Y es justamente en eso que se basa toda su lógica fenomenal. El
principio de no contradicción, por ejemplo, expresa que una proposición y su
negación no pueden ser válidas “al mismo tiempo”, deja fuera de la lógica el
pasaje del tiempo.
Veámoslo de otro modo En el mismo momento, una cosa no puede ser ella
misma y su contrario, entonces, en ese momento puede ser estudiada como lo que
es.
Pregunta: ¿Puede una proposición ser verdadera y al instante siguiente
ser verdadera su negación? Claro que si, eso está en perfecta armonía con el
principio de Aristóteles.
Ahora bien, si puede ser en un instante su contradicción, es que ya
tenía la potencialidad de ser negada, como el propio Aristóteles propuso. O sea
que el SER (como cualquier cosa que es) y su NEGACIÓN ya formaban parte de la
misma realidad. Solo que desde un punto de vista formal, necesitamos
abstraernos de esa realidad para quedarnos solamente con la mitad que ES, para
poder estudiarla.
Esto es un aporte fundamental para el desarrollo de las ciencias, pero
es necesario destacar y reconocer que para poder utilizarlo estamos
explícitamente renunciando a ver una parte de la realidad. Estamos aplicando un
tipo de lógica ESTÁTICA, a una realidad que es DINÁMICA. Estamos, a propósito y
a plena conciencia, dejando fuera del estudio de la ciencia nada más y nada
menos que el devenir, el cambio, el tiempo.
Pero lo que es más grave, para poder evitar tener que estudiar el cambio
dentro del mismo ser de cada cosa “que es”, tenemos que asumir que no tiene
contradicciones. O sea respetar el principio aristotélico de no contradicción.
Una cosa no puede ser al mismo tiempo lo que era hasta ahora y lo que está empezando
a ser a partir de ahora, si ambas son contradictorias. Eso es incorporar la
dinámica, en el estudio y por tanto la lógica dialéctica.
Y aquí llegamos al punto central (y final) de este capítulo. Fue tan
impresionante el aporte de Aristóteles que por mucho tiempo se consideró el
único tipo de razonamiento válido y por tanto se tuvo por falso o inútil a
cualquier otro tipo de lógica, en particular a la dialéctica, y se ignoró el
pequeño detalle de que dejaba afuera de su estudio nada más y nada menos que
una parte fundamental de la realidad: el CAMBIO.
No hay acá, no se confundan, ningún juicio de valor. Hay que reconocer,
valorar y apreciar en toda su enorme contribución la lógica aristotélica. Lo
que es importante es no creerla la única manera válida de razonar. Es
importante usar ese razonamiento sabiendo que se aplica a un modelo estático de
la realidad y que se necesita otro tipo de razonamiento para estudiar su
dinamismo.
Ambas formas de razonar son perfectamente válidas en su contexto y se
aplican mejor o peor según lo que estemos estudiando o intentando comprender.
Existen ciencias enteras que son estáticas, que se dedican a estudiar
“lo que es”, como por ejemplo la Anatomía, mientras que otras son dinámicas,
estudian el funcionamiento, el proceso, el cambio, como la Fisiología. Ahora
bien, el estudio del ser humano necesariamente debe integrar Anatomía y
Fisiología. Cómo “ES” un órgano y cómo “FUNCIONA”.
En otros campos del saber humano, no es tan sencillo distinguir eso. La
Física es el estudio de las propiedades de la materia (según una definición
bastante antigua). Eso es bastante estático, aunque el estudio de esas
propiedades incluyera las fuerzas que actúan sobre la materia y como se
ejercen, teniendo incluso en cuenta una variable importante como es el tiempo.
Pero esto cambió mucho desde que Einstein nos demostró que la materia es
energía. La energía es dinámica por definición y encima, para complicarlo todo
viene en forma de paquetes discretos llamados Quantum. Y la física cuántica es lo
menos estático que pueda existir, por lo que la lógica aristotélica ya no le es
aplicable.
Un fotón es al mismo tiempo onda y partícula, ¿dónde quedan el principio
de identidad y el de no contradicción? Si quiero mirar por cuál rendija pasa
mando al diablo el principio del tercero excluido.
Y finalmente tenemos ciencias que son dinámicas por definición: desde la
Química a la Sociología, pasando por la medicina (como conjunto de ciencias, en
realidad) la Historia y la Economía. Todas ellas se benefician del razonamiento
formal aristotélico en una parte de su desarrollo, pero necesitan incorporar el
razonamiento dialéctico cuando estudian procesos, cambios, el devenir de sus
“objetos” de estudio.
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