Dialéctica 3
Hegel – La dialéctica moderna diciembre/2017
Tan enorme fue el impacto de Aristóteles en la lógica y en el
razonamiento científico, que se necesitaron veinte siglos para redescubrir el
valor de la lógica y el razonamiento dialéctico.
Y quien hizo ese redescubrimiento fue un gran admirador de Aristóteles,
así como de Descartes, Spinoza, Kant y Rousseau: Georg Hegel.
Hegel fue un filósofo que vivió en lo que hoy es Alemania entre 1770 y 1831. A principios del
siglo XIX.
Encontró que la explicación a los principales “problemas” de la sociedad
y la historia requerían de una lógica diferente a la de Aristóteles. Era una
lógica anterior a Aristóteles, pero cuyas bases nunca habían sido formuladas en
términos de leyes estrictas de pensamiento, como supo hacer Aristóteles con las
suyas.
Y ese fue su gran aporte, dotar al pensamiento dialéctico de leyes
correctamente definidas y perfectamente formuladas, de una “lógica”, como
ciencia formal del pensamiento. En la lógica de Hegel el
acto del conocimiento es la introducción de la contradicción.
En el principio del
tercero excluido, algo o es A o no es A, es la proposición que quiere
rechazar la contradicción y al hacerlo incurre precisamente en contradicción:
Si una cosa solo puede ser ella misma o su opuesto, hay algo más, que es lo
abstracto común a esos dos opuestos y que los engloba.
A debe ser +A ó -A,
con lo cual ya queda introducido el tercer término, A, que no es ni + ni - y
por lo mismo es +A y –A. Una cosa es ella misma y no es ella, porque en
realidad toda cosa cambia y se transforma ella misma en otra cosa.
Al rechazar el
principio aristotélico del tercero excluido debe aceptar que todas las cosas
son contradictorias en sí mismas y ello es profunda y plenamente esencial. La
identidad es la determinación de lo simple inmediato y estático, mientras que
la contradicción es la raíz de todo movimiento y vitalidad, el principio de
todo automovimiento y, solamente aquello que encierra una contradicción se
mueve.
La lógica formal
capta la identidad, la diferencia y la contradicción, pero no la transición
de lo uno a lo otro, que es lo más importante, cómo lo uno se convierte en lo
otro.
Esta primera ley de
la dialéctica se conoce como la ley de la unidad y lucha de contrarios. Puede
verse como que cada cosa que existe es única, unida con su opuesto, o como que
todo tiene un opuesto que forma parte de la misma realidad, de su esencia. Pero
no solamente estos opuestos forman la misma cosa, sino que además están en
lucha, en activa oposición. Esto es el motor del cambio.
Revive así los
postulados de Heráclito, todo lo que existe ES y No ES, y todo está en guerra
permanente. Pero completa la construcción lógica con otras dos leyes.
La segunda ley dialéctica expresa que los cambios
cuantitativos se transforman en cualitativos. Aquí se introduce un concepto
importante. No solo la contradicción es el motor del cambio sino que existen
también diferentes tipos de cambios, y la simple acumulación de algo (cambio en
cantidad) provoca un cambio en calidad.
Para entender esta segunda ley ya hay que pensar en el
tiempo. Esto ya no es estático como los principios de Aristóteles. Al
contrario, aquí el pasaje del tiempo es inmanente a la ley misma. No puede
darse una acumulación de cambios cuantitativos en forma instantánea o
atemporal. Lo que nos dice es que sin importar en cuánto tiempo ocurran esas
acumulaciones en cantidad, ellas, de por si, generarán un cambio en calidad.
Es muy tentador recurrir a ejemplos de la realidad
para ilustrar esta ley, pero intentaré abstenerme y pasar a la tercera, donde
ya el tiempo se incorpora de manera explícita. La tercera ley de la lógica
dialéctica se conoce como el principio de la negación de la negación.
Esto implica un ciclo. De la unidad y lucha de
contrarios surge una nueva realidad que es su negación, pero esta nueva
realidad se compone a su vez de aspectos contrarios en lucha lo que llevará a
una nueva negación. De ahí su expresión como Negación de la Negación.
Esto se ve como un ciclo infinito de Tesis – Antítesis
– Síntesis aunque Hegel no empleó personalmente esta
clasificación en absoluto y en general discrepaba con una explicación que
llamaba “mecanicista” de la ley.
Esta lógica y sus
tres leyes fueron discutidas ampliamente durante esos primeros años del siglo
XIX por Hegel y varios de sus contemporáneos y seguidores, pero siempre
mezcladas en discusiones sobre filosofía, historia, ciencia, métodos
científicos, política, por lo que no se encuentran expresadas con claridad
hasta varios años después por Friedrich Engels en sus obras Dialéctica de la
Naturaleza y el Anti-Dühring.
La ley de negación
de la negación completa las anteriores, explicando el modo en que se resuelve
la contradicción, dando paso a una realidad nueva que contiene los aspectos
positivos de lo negado. El primer momento del movimiento dialéctico, el de la
afirmación, supone la mera existencia de una realidad; el segundo momento, el
de la negación, supone la acción del elemento contrario que, en oposición con
el primer momento, lo niega. El tercer momento, negando al segundo, que era ya,
a su vez, la negación del primero, se presenta como el momento de la
reconciliación, de la síntesis, recogiendo lo positivo de los dos momentos
anteriores.
En esas obras y
otras escritas en colaboración con Carl Marx se formula una lógica dialéctica
materialista, por oposición a la dialéctica hegeliana que se reputaba de
idealista.
Es así que ingresan
al campo de la pura formulación de reglas de pensamiento lógico ciertos juicios
de valor, que intentan descalificar una u otra forma de definir la manera en
que se debe pensar
Lo cierto es que Hegel aplicó esas leyes lógicas al
estudio de temas religiosos y a la evolución del espíritu humano a partir de su
creación por Dios, mientras que Marx y Engels, prescindieron de introducir en
su descripción del funcionamiento de esta lógica de temas espirituales. De ahí
la distinción entre el Materialismo Dialéctico y la dialéctica hegeliana.
Pero independientemente del objeto para el cual se
aplique, una lógica es un conjunto de reglas formales de pensamiento que se
supone deben servirnos para entender la realidad o el funcionamiento del objeto
que estudiemos, o para expresar con claridad nuestros pensamientos y
transmitirlos “de una manera lógica”.
La palabra viene de logike, que en griego antiguo significa
dotado de razón, razonable. Relacionada a su vez con la más conocida palabra
griega logos, que se traduce como conocimiento, pensamiento, idea, razón o
principio.
Si nos mantenemos fuera de cualquier discusión ajena a
la pura lógica veremos que ambas formas de razonar: la lógica clásica, formal o
aristotélica y la lógica dialéctica son complementarias y que no pueden existir
la una sin la otra, si queremos tener un pensamiento completo.
La lógica formal sirve para estudiar y describir un
objeto o una realidad considerada de una manera estática y aislada del devenir,
del tiempo. Nos ayudará a descubrir sus elementos principales, secundarios y
accesorios. Nos permitirá diferenciarlo perfectamente de otros objetos o
realidades por los principios de identidad, no contradicción y tercero
excluido.
La lógica dialéctica nos permitirá estudiar y
describir un objeto o una realidad considerada de manera dinámica, en
transformación, en devenir. Nos ayudará a identificar sus contradicciones,
principales y secundarias y los procesos internos de lucha entre esas
contradicciones que transforman el objeto de estudio en algo distinto, pero
único consigo mismo, como aspectos diferentes de la misma realidad a estudiar.
Entonces la lógica (cualquiera de ellas) es una
herramienta para obtener conocimiento. Esto nos lleva a otro importante
capítulo en este tema que es el método científico y como la lógica que usemos
influye en el método a emplear.
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