El Gran Gap - 7

2.2 ¿Existen recuerdos fuera del cerebro?

Al final de un capítulo anterior preguntábamos si una sonata de Chopin podía existir fuera de su cerebro. Si Chopin no podía ejecutarla ¿existiría la sonata? Y terminamos preguntándonos que eran estos pentagramas con notación musical…

Y podemos ir otro capítulo más atrás. René Descartes decía que leer buenos libros era como hablar con las mejores mentes del pasado. Lo mismo podría decirse de observar cuadros o películas, o ejecutar partituras. O sea que tenemos formas de “objetivar” y hacer perdurar en el tiempo, recuerdos, pensamientos, sensaciones, de modo que reproduzcan en los cerebros de los lectores, espectadores, músicos, etc. una buena parte de lo que pensaban, veían, escuchaban, recordaban o sentían los cerebros de sus autores.

Podemos transmitir la fórmula, la receta, para que otros cerebros sinteticen las mismas proteínas que a nosotros nos hacen sentir o evocar algo.

¡Gran novedad! Ese es el objeto de la escritura, la música, la pintura desde las primeras imágenes rupestres.

La novedad está en verlas como recetas para producir proteínas en el cerebro. Generadores de recuerdos.

Y acá tenemos otro tema interesante: el valor “mágico” de las imágenes, la música, la escritura, el cine.

Veamos. Todos los antropólogos y arqueólogos coinciden en que, en su origen, las pinturas rupestres tenían el sentido de “invocar mágicamente” lo que sus imágenes evocaban.

Todos conocemos historias de imágenes sagradas o demoníacas. De religiones enteras que consideran un “pecado” poner imágenes en sus templos. Para no hablar de situaciones recientes como las de Charlie hebdo.

Lo mismo ha pasado con libros, sonidos, canciones, películas; se les otorga la capacidad mágica de invocar, reproducir o provocar efectos más allá del sentido original de su contenido.

Muchos de nosotros, hoy en día, podemos evitar ese “pensamiento mágico” y somos capaces de apreciar una imagen, una música, un libro, un video y descubrir los mecanismos por los que nos hacen sintetizar esas proteínas en nuestro cerebro. Ver y hasta “vivir” lo que el autor quería transmitir, mientras somos conscientes de que lo estamos adquiriendo por un mecanismo de transmisión a distancia, o externo.

Por medio de un “desdoblamiento” que cualquier psicólogo podría catalogar de esquizoide, experimentamos las sensaciones que el texto u objeto externo nos transmite y al mismo tiempo estamos conscientes de que es una recreación. Sintetizamos las proteínas con la receta que el autor nos brinda, pero las guardamos conociendo que es el resultado de la aplicación de una receta externa. De este desdoblamiento es de lo que carece el “pensamiento mágico” de las imágenes rupestres. La imagen y el acontecimiento “son lo mismo”, cada uno implica el otro.

Ahora bien… ¿Qué pasaría si algunas de esas proteínas llegaran a nuestro cerebro sin que fuéramos conscientes de como lo hicieron? Podríamos tener “recuerdos” que los viviríamos como ajenos, extraños, no propios. ¿Posesiones? ¿Vidas anteriores? ¿Revelaciones? ¿Telepatía? Vaya uno a saber… ¿Como “vivieron” lo que se proyectaba en la pantalla los asistentes a las primeras proyecciones de los Lumière? Si es suficientemente viejo, ¿Como vivió usted el Cinemascope, la televisión, los primeros accesos gráficos a páginas web?

¿Acaso no tuvo una sensación de que el mundo de pronto se había hecho muchísimo más grande, de que la realidad se había expandido más allá de su comprensión? O también una sensación de que usted se había encogido, empequeñecido, lo que es prácticamente lo mismo.

Pero aún así, aún experimentando esa extraña sensación de recibir transmisiones totalmente distintas a su experiencia anterior, usted estaba consciente de que venían de afuera, lo que hacía que las asimilara como un dato nuevo, extraño, pero entrante al sistema.

Si en cambio su cerebro se encontrara de pronto con recuerdos en proteínas que no fueron sintetizadas a partir de una experiencia externa. ¿Como las interpretaría?

Seguramente serían pocas, solo trazas, o sea recuerdos muy borrosos, distantes. Pero aún así deberían presentarse a la consciencia como “recuerdos”. Uno se preguntaría, ¿Pero que hacen acá?, ¿Como puedo recordar algo que aparentemente ocurrió hace miles de años? Y tendería a interpretarlos como efecto de una re-encarnación.

Con respecto al daño sobre su comportamiento actual tendrían el mismo efecto que un recuerdo traumático, “olvidado”, de la infancia. Y su eventual “evocación” a través de métodos como la regresión hipnótica, seguramente tendría el mismo efecto curativo. ¿O no Dr. Brian Weiss?

¿Se animan a ver la octava parte de este tema?

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